7

O Cebreiro → Palas de Rey

O Cebreiro → Palas de Rey

Distancia
94.6 km
Desnivel
+1339 m
Descenso
-2049 m
Firme
Mixto
IBP
99 (Difícil)
  • Monasterio de San Julián y Santa Basilisa de Samos
    Monasterio de San Julián y Santa Basilisa de Samos
  • Ponte Nova de Portomarín
    Ponte Nova de Portomarín
  • Hito km 100 camino francés
    Hito km 100 camino francés
Mapa de la etapa 7: O Cebreiro → Palas de Rey

Perfil de desnivel

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+1339 m -2049 m 94.6 km

Descripción de la etapa

Si llueve en O Cebreiro —y en Galicia llueve— la salida es por asfalto. El camino de tierra que desciende hacia Triacastela puede ser impracticable con la rueda húmeda, y en temporada alta la cantidad de peregrinos a pie que lo usan hace casi imposible adelantar con la bici. La carretera es la opción razonable y tiene su propio mérito: una bajada vertiginosa que solo interrumpen el Alto de San Roque y el Alto do Poio antes de llegar a Triacastela. Llevar las luces encuestas y estar muy atento a la calzada mojada; los frenos van a trabajar.

En Triacastela hay que elegir. Un mojón a la salida del pueblo señala dos variantes hacia Sarria: la de San Xil, más corta y directa, y la de Samos, que añade kilómetros pero pasa por uno de los conjuntos monásticos más impresionantes de España. Si tienes tiempo, ve por Samos: el monasterio de San Xulián se funda en el siglo VI y lleva funcionando sin interrupción desde entonces. En sus muros estudió el rey Alfonso II, el mismo que impulsó las peregrinaciones jacobeas y bajo cuyo reinado se descubrió el sepulcro de Santiago. El claustro mayor es del siglo XVIII y figura entre los más grandes de la Península. Llegar al monasterio encajonado en el valle, entre monte húmedo y el río Sarria, es uno de los momentos más silenciosos y singulares de toda la travesía gallega. La variante de Samos se puede hacer prácticamente toda por asfalto si el camino va embarrado.

Sarria es el punto donde el Camino Francés se llena de peregrinos. Quien llega aquí por primera vez para hacer los últimos 100 km a Santiago puede pedir la credencial en el convento mercedario de La Magdalena, al inicio del casco histórico. El cambio de densidad en el camino es inmediato: a partir de Sarria siempre hay gente alrededor. Buen lugar para un almuerzo largo antes de continuar.

Portomarín aparece sobre una colina al borde del embalse de Belesar, con su iglesia románica presidiendo la plaza. La historia del lugar no está a la vista pero vale la pena conocerla: el antiguo Portomarín fue inundado en septiembre de 1963 con la inauguración del embalse. Los vecinos trasladaron la iglesia de San Nicolás piedra a piedra —16.000 bloques numerados, dos años de trabajo— colina arriba, antes de que el agua cubriera todo. Cuando el nivel del embalse baja en verano, las paredes de las casas del pueblo original emergen del fondo. En el paseo junto al agua suele haber un chiringuito con pulpo y churrasco a la brasa, vino del lugar y una mezcla de peregrinos y paisanos que convierte la parada en uno de esos momentos del camino que no estaban en los planes pero que se recuerdan siempre. No lo saltes.

La llegada a Palas de Rey al final de la jornada puede encontrarte empapado. Es un municipio disperso con bastante movimiento de peregrinos en temporada: los bares y restaurantes se llenan pronto. Si eso pasa, el Covirán del pueblo vende empanada, jamón y queso —y cervezas— y la terraza del albergue funciona igual de bien que cualquier restaurante cuando tienes compañía.

Lo que encontrarás

Monasterio de San Xulián de Samos (variante Samos) El monasterio benedictino habitado más antiguo de España, con presencia ininterrumpida desde el siglo VI. En sus muros se educó Alfonso II de Asturias, el rey que impulsó el Camino de Santiago tras descubrirse el sepulcro del apóstol. El claustro mayor, del siglo XVIII, es uno de los más grandes de la Península. Para llegar aquí se toma la variante de Samos en Triacastela, en lugar de la variante directa por San Xil. Añade kilómetros pero puede hacerse casi íntegramente por asfalto. Vale mucho la pena si el camino de tierra va mojado.

Sarria — el inicio de los últimos 100 km Quien llega a Sarria desde casa solo para completar los últimos 100 km al Camino de Santiago puede pedir aquí la credencial en el convento mercedario de La Magdalena (Rúa da Mercé, s/n, a la entrada del casco histórico). La afluencia de peregrinos aumenta drásticamente a partir de aquí. Buenos bares para comer antes de continuar.

Portomarín — el pueblo sumergido El antiguo Portomarín fue inundado en 1963 con la presa de Belesar. Sus vecinos trasladaron la iglesia románica de San Nicolás (Monumento Nacional desde 1931) piedra a piedra —16.000 bloques numerados en dos años de trabajo— antes de que el agua lo cubriera todo. En verano, con el embalse bajo, emergen los muros del pueblo original. El nuevo Portomarín fue construido más arriba. Cruzas el embalse por el puente y subes al pueblo.

Chiringuito de pulpo en Portomarín En el paseo junto al embalse suele haber un puesto con pulpo a feira, churrasco y vino del lugar. Es la clase de parada que no está en ninguna guía pero que todo el que ha pasado por aquí recuerda. No requiere tiempo ni desvío; está al pie del camino.

Cómo preparar la etapa

  • Lluvia desde O Cebreiro: lleva el impermeable puesto desde la salida. El descenso a Triacastela en carretera mojada requiere atención; los frenos de disco ayudan, los de llanta en mojado no tanto.
  • Caminos de tierra en Galicia: en temporada húmeda pueden estar muy embarrados. Con ruedas de 38 mm o más no hay problema; con ruedas estrechas, la variante por asfalto siempre existe.
  • Elige variante en Triacastela: San Xil (más corta y directa) o Samos (más larga pero con el monasterio). Si el camino va mojado y no quieres barro, Samos por asfalto es la mejor opción.
  • Come en Sarria si puedes; es el punto más cómodo de la jornada para una parada larga con variedad de bares.
  • Para en el chiringuito de Portomarín. Pulpo, churrasco, vino. Es una de las mejores paradas de toda la ruta y no dura todo el año.
  • Palas de Rei en temporada alta: reserva alojamiento. Los bares se llenan; si no encuentras mesa, el supermercado del pueblo tiene todo lo necesario para una cena de terraza.