Bitácora

Crónicas del viaje en orden cronológico

  1. Excelente

    Día 1 — Aguilar de Campoo → Aguilar de Campoo 39.7 km · 739 m D+

    Cañón de la Horadada desde la pista forestal
    Cañón de la Horadada — la puerta de entrada al primer día
    Eremitorio rupestre de los Santos Justo y Pastor excavado en la roca
    Eremitorio rupestre — uno de los templos excavados más impresionantes de España
    Formaciones kársticas del Paisaje Protegido de Las Tuerces
    Las Tuerces — laberinto kárstico a más de 1000 metros de altitud
    Vista del Cañón de la Horadada desde el monte Cilda
    Cañón de la Horadada visto desde arriba

    Empezar una ruta circular desde el mismo pueblo donde se va a dormir tiene algo de engañoso: la mente no termina de tomárselo en serio, como si fuera un calentamiento. Pero el Cañón de la Horadada se encarga de corregir esa percepción en los primeros kilómetros. El barranco abre de golpe a ambos lados y el camino pasa a ser una rendija entre paredes de roca caliza que el Pisuerga fue labrando durante milenios. Hay un túnel de cinco metros con escaleras donde toca bajar de la bici. No es un problema, es un ritual de entrada.

    El Eremitorio Rupestre de los Santos Justo y Pastor fue la primera parada que no estaba calculada como parada. Son celdas excavadas directamente en la roca, mirando al cañón, con la tranquilidad de quien eligió ese lugar sabiendo exactamente lo que hacía. Seguir pedaleando después cuesta un poco. Las Tuerces, en cambio, son todo movimiento: un laberinto de agujas y arcos de piedra caliza a más de mil metros donde la roca parece haber perdido el norte. Hay una ventana natural desde la que se ve el valle entero.

    El Castillo de Gama fue la nota final inesperada. Hay un tramo de veinte metros donde hay que empujar la bici para no caer rodando, pero lo que aguarda arriba —una arista de roca con el valle al norte y la sierra al fondo— vale el esfuerzo de cinco veces ese tramo. Volvemos a Aguilar con menos de cuarenta kilómetros en las piernas, mucho polvo blanco en los neumáticos y la certeza de que esto que empieza va en serio.

  2. Excelente

    Día 2 — Aguilar de Campoo → Aguilar de Campoo 70.3 km · 1197 m D+

    Monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo, claustro románico
    Monasterio de Santa María la Real — fundación del s. X, claustro románico bien conservado
    Iglesia de San Martín en Matalbaniega con ábside decorado
    San Martín Obispo (Matalbaniega) — más de 70 canecillos figurados de nivel excepcional
    Pinturas románicas del Juicio Final en la Ermita de Santa Eulalia
    Ermita de Santa Eulalia — pinturas románicas del Juicio Final, una de las mejores de CyL
    Ermita de Santa Cecilia en Vallespinoso con vistas de la sierra
    Ermita de Santa Cecilia (Vallespinoso) — considerada el templo románico rural más armonioso de Palencia

    Setenta kilómetros de románico rural no son lo que uno imagina cuando escucha "día de cultura". El circuito palentino funciona de otra manera: la bicicleta te impone un ritmo que es exactamente el que estos pueblos y estas iglesias necesitan para ser comprendidos. Llegamos a Matalbaniega sin esperar gran cosa y encontramos la iglesia de San Martín Obispo con más de setenta canecillos figurados en la cornisa —músicos, bestias, escenas que el s. XII no habría podido publicar en ningún sitio oficial—. Una hora podría haberse ido solo en eso.

    Lo que distingue este románico del que uno visita en las ciudades es que aquí no hay red de protección. Las iglesias están en pueblos de veinte casas, los campos las rodean, y en algunos casos la única puerta abierta es la que da al cementerio de al lado. La Ermita de Santa Eulalia en Barrio de Santa María tiene pinturas del Juicio Final —Pantocrátor en mandorla, apóstoles en procesión— que se conservan en una ermita que parece imposible que siga en pie. La Ermita de Santa Cecilia en Vallespinoso es más pequeña todavía, pero tiene una proporción y una calma que hacen que uno entienda por qué la llaman el templo románico rural más armonioso de Palencia.

    Doce pueblos en setenta kilómetros es un ritmo que obliga a parar más de lo que se planea y pedalear más rápido de lo que se querría entre paradas. Llegamos a Aguilar por la tarde con las piernas bien trabajadas y la cabeza llena de capiteles esculpidos, piezas bautismales firmadas y espadañas que se recortan contra la sierra. Es el tipo de cansancio que no pide descanso, sino conversación.

  3. Duro

    Día 3 — Aguilar de Campoo → Cervera de Pisuerga 74.1 km · 1633 m D+

    Paisaje de montaña palentina con bosques de roble y pino
    Montaña Palentina — la etapa más salvaje de la ruta
    Alta montaña palentina con crestas y hayedos
    Alta Montaña — el entorno de los collados de la Pernía
    Colegiata románica de San Salvador de Cantamuda, espadaña para cuatro campanas
    Colegiata de San Salvador de Cantamuda — románico del s. XII en el corazón de la Pernía
    Abadía de Santa María de Lebanza en el valle recóndito de Lebanza
    Abadía de Lebanza — monasterio románico del s. XII en uno de los parajes más remotos
    Collado del Portillo a 1333 metros, hábitat osero de la montaña palentina
    Collado del Portillo (1.333 m) — zona de presencia confirmada de oso pardo cantábrico

    Hay etapas en las que el cuerpo lleva la cuenta de cada kilómetro y esta fue una de ellas. Más de mil seiscientos metros de desnivel acumulado en setenta y cuatro kilómetros con superficies que cambian sin avisar —asfalto en los fondos de valle, pista consolidada en las laderas, sendero técnico en los tramos de puerto— es una combinación que no perdona los errores de ritmo. Salimos de Aguilar bien, atravesamos Cillamayor y bajamos al Valle de Orbó camino de Barruelo de Santullán, donde la arquitectura minera del carbón todavía se lee en el paisaje aunque las minas lleven décadas cerradas.

    El ascenso hacia El Portillo (1.333 m) fue el primer momento de verdad del día. No es el punto más alto de la etapa, pero es donde uno empieza a entender en qué terreno está. Desde Estalaya, el desvío para ver El Roblón —un roble de más de quinientos años que emerge del bosque como si hubiera decidido crecer sin preguntarle permiso a nadie— fue la mejor decisión espontánea del día. La Colegiata de San Salvador de Cantamuda y la Abadía de Lebanza son los dos hitos que hacen que el esfuerzo no se reduzca a un número de metros de desnivel.

    El techo de la etapa está en el collado a 1.411 metros, donde la Cordillera Cantábrica aparece al fondo como una pared blanca. Bajamos por la zona de presencia confirmada de oso pardo cantábrico —ningún avistamiento, pero la idea no abandona— bordeando el pantano de Requejada hasta Cervera de Pisuerga. Llegamos con las fuerzas justas. Es de las pocas veces en las que el hotel tiene más valor que cualquier hito del camino.

  4. Excelente

    Día 4 — Cervera de Pisuerga → Velilla del río Carrión 66.4 km · 981 m D+

    Mirador del Alto de la Varga con el pico Espigüete al fondo
    Alto de la Varga (1.437 m) — divisoria entre las cuencas del Pisuerga y el Carrión
    Mirador de Alba de los Cardaños sobre el embalse de Camporredondo
    Mirador de Alba de los Cardaños — considerado el mejor mirador de toda la ruta
    Embalse de Camporredondo encajado entre laderas de haya y pino
    Embalse de Camporredondo — inaugurado por Alfonso XIII en 1930
    Prados y montañas palentinas desde la P-210
    Ruta de los Pantanos — la carretera más espectacular de Palencia
    Peña Espigüete, mole piramidal de caliza a 2450 metros
    Peña Espigüete (2.450 m) — referencia visual constante de toda la etapa

    La P-210 es la mejor carretera de las que se pueden pedalear en la Montaña Palentina. El tráfico es casi inexistente y el paisaje no da tregua en ningún kilómetro. Desde Cervera el ascenso al Mirador del Alto de la Varga (1.437 m) es progresivo, con la Peña Espigüete —ese bloque piramidal de caliza a 2.450 metros— apareciendo y desapareciendo entre las curvas según la orientación del camino. Llegar arriba y tener la divisoria entre las cuencas del Pisuerga y el Carrión bajo las ruedas es uno de esos momentos en los que el mapa cobra sentido físico.

    El descenso encadena cuatro embalses. El de Ruesga aparece primero, azul entre montañas, construido en 1923 cuando la ingeniería hidráulica todavía usaba piedra y tiempo. El de Camporredondo, inaugurado por Alfonso XIII en 1930, aparece encajado entre laderas de haya y pino desde el mirador de Alba de los Cardaños con el Espigüete de fondo. Es el mirador que uno recuerda cuando alguien pregunta por qué la Montaña Palentina merece el viaje. El Restaurante El Abuelo en Camporredondo de Alba fue la parada del día: cocina de puchero y tradicional dentro del parque natural, exactamente lo que los ochenta kilómetros anteriores demandaban.

    El desvío a Valcobero no estaba en el plan pero el cartel apareció y la curiosidad pudo más. Un pueblo casi abandonado desde 1970 con arquitectura de piedra perfectamente conservada por el frío y el olvido. El silencio es de los que se escuchan. Los últimos kilómetros hasta Velilla por la orilla del embalse de Compuerto cerraron una etapa que tiene todo lo que uno busca en un día sobre la bicicleta: esfuerzo, paisaje, comida de verdad y un sitio que no estaba en el mapa.

  5. Excelente

    Día 5 — Velilla del río Carrión → Aguilar de Campoo 73.7 km · 537 m D+

    Pista del Camino Olvidado de Santiago entre pueblos de Las Peñas
    Camino Olvidado de Santiago — ruta jacobea del s. IX-XII recuperada y señalizada
    Portada de la iglesia de la Transfiguración en Traspeña de la Peña con friso de Cristo y apóstoles
    Iglesia de Traspeña de la Peña — friso con Cristo en Majestad rodeado de apóstoles
    Necrópolis medieval de Corvio con tumbas antropomorfas excavadas en roca arenisca
    Necrópolis de Corvio — veinte tumbas medievales excavadas directamente en la roca
    Puente medieval de Salinas de Pisuerga sobre el río Pisuerga
    Puente medieval de Salinas de Pisuerga — cruzado por peregrinos jacobeos del s. IX al XII

    El Camino Olvidado de Santiago tiene ese nombre porque durante siglos nadie lo buscó. Los peregrinos medievales lo usaron entre los siglos IX y XII para llegar a Compostela evitando los territorios en conflicto del sur, y cuando el Camino Francés se impuso como ruta principal, este quedó borrado del mapa durante ochocientos años. Recorrerlo en sentido inverso, de Velilla a Aguilar, tiene algo de arqueología: cada tramo de calzada histórica, cada pueblo de Las Peñas, cada iglesia en un núcleo de veinte habitantes, es una capa de tiempo que la bicicleta va desenterrando.

    El corredor de Las Peñas —Cantoral, Traspeña, Villanueva, Aviñante, Tarilonte, Santibáñez— es una sucesión de pueblos dominados por paredes rocosas al norte que les dan nombre y carácter. La iglesia de la Transfiguración en Traspeña tiene en su portada un friso con Cristo en Majestad rodeado de apóstoles que sorprende en un pueblo que no llega a los cincuenta vecinos. La necrópolis de Corvio —veinte tumbas antropomorfas excavadas directamente en la roca arenisca, en muy buen estado de conservación— es el tipo de hallazgo que hace que uno deje la bici apoyada en la piedra y se quede parado un rato sin saber muy bien qué pensar.

    El puente medieval de Salinas de Pisuerga es el último hito antes de que el camino se haga ancho y el tráfico regrese. Los peregrinos medievales cruzaban este mismo puente camino a Compostela. Aguilar aparece en el horizonte con el castillo del s. XIV en la cresta y el monasterio de Santa María la Real al pie. Cerrar un círculo de 326,5 kilómetros en el mismo punto donde empezó tiene un peso que ningún dato puede explicar del todo. El atardecer sobre el castillo fue el colofón que merecía.